La presencia del mayor general Ernesto Rodríguez García con sus insignias fortalece la imagen de mando, disciplina y cohesión institucional
Por Alex G. Olivence
Santo Domingo.— Qué bueno que el director general de la Policía Nacional, mayor general Ernesto Rafael Rodríguez García, vuelva a lucir públicamente el uniforme de la institución con las insignias correspondientes a su rango. Puede parecer un detalle de forma, pero en organismos sustentados en la disciplina, la jerarquía y la cadena de mando, la imagen también comunica.
El uniforme policial no es una simple vestimenta. Representa autoridad, pertenencia, responsabilidad y compromiso con el servicio. Las insignias tampoco son adornos: identifican el rango alcanzado y recuerdan el peso de las obligaciones asumidas.
El mando se siente, pero también debe verse. Los oficiales, alistados y demás integrantes de la Policía Nacional perciben la presencia de un director que se presenta como uno de los suyos, comparte sus símbolos y encarna la disciplina que exige.
La población también lo percibe. En momentos en que la seguridad ciudadana ocupa un lugar central entre las preocupaciones nacionales, una imagen de firmeza, orden y autoridad puede transmitir confianza. Y quienes desafían la ley igualmente observan las señales que ofrece el Estado: la coordinación de sus autoridades, la presencia de sus mandos y la determinación con que enfrentan el delito.
Rodríguez García advirtió recientemente que los delincuentes no impondrán su voluntad y reafirmó el compromiso de la institución con la protección de la ciudadanía. Su presencia uniformada guarda coherencia con ese mensaje: una Policía activa, organizada y consciente de su responsabilidad frente al país.
Ahora bien, el uniforme por sí solo no reduce la delincuencia. Su fuerza simbólica debe estar respaldada por resultados: más patrullaje preventivo, inteligencia efectiva, investigaciones rigurosas, respuestas rápidas, respeto al debido proceso y trato digno a la población.
Por eso, recuperar la imagen institucional del director general con uniforme e insignias constituye una decisión acertada. Fortalece el sentido de mando hacia dentro y proyecta autoridad hacia fuera.
El país necesita una Policía cercana al ciudadano, pero firme ante la delincuencia; respetuosa, pero decidida; moderna, pero orgullosa de sus símbolos. Cuando el liderazgo se muestra con claridad, los subalternos lo perciben, la sociedad lo reconoce y quienes pretenden alterar la paz pública también reciben el mensaje.
El mando se ejerce con acciones, pero su imagen también influye.

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