Testigo del tiempo
Se busca por intermedio de este lodazal social, difundir y educar a los inquilinos de quienes habitamos este secuestrado mundo, la realidad de una aldea denominada REPÚBLICA DOMINICANA,por medio de fotos, vídeos,siluetas, así como otros medios visuales de expresión, ya que nuestro idioma esta enajenado.Existe la libertad de morirse operado por los fraudes, a todo nivel...el mismo Estado, es una UTOPÍA.
Por Tony Salomón
La historia económica demuestra una realidad difícil de refutar: solo aquellos países que han invertido de manera sostenida en la economía del conocimiento han logrado reducir la pobreza a su mínima expresión. No existe un ejemplo exitoso de una nación que haya vencido el hambre y la exclusión social mediante el asistencialismo permanente o el clientelismo político.
La pregunta obligada es: ¿qué ha hecho el Estado dominicano en los últimos seis años para fortalecer la economía del conocimiento? La respuesta es preocupante. En lugar de consolidar las políticas públicas dirigidas a la investigación, la innovación, la ciencia y la educación, esta gestión ha reducido los presupuestos de instituciones llamadas a generar conocimiento y desarrollo.
La falta de continuidad de las políticas de Estado constituye uno de los principales obstáculos para combatir la pobreza de manera sostenible. No es posible hablar del objetivo de «Hambre Cero» mientras aumentan las condiciones que reproducen la pobreza y se debilitan los instrumentos que permiten superarla.
La experiencia dominicana demuestra que sí es posible avanzar cuando existe una visión de largo plazo. Durante el período 1996-2000 se asumió con responsabilidad el relevo gubernamental, dando continuidad a importantes obras de infraestructura e impulsando iniciativas innovadoras que colocaron al país a la vanguardia regional. La educación, desde el nivel básico hasta el universitario, ocupó un lugar estratégico dentro de esa visión de desarrollo.
El Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA) representa uno de los mejores ejemplos de cómo la inversión en capital humano, tecnología e innovación puede convertirse en una herramienta efectiva para generar oportunidades, elevar la productividad y reducir la pobreza. Es la demostración de que cuando un Estado apuesta por el conocimiento, está sembrando las bases del desarrollo sostenible.
Hoy resulta incuestionable que la innovación tecnológica es un factor esencial para el crecimiento económico. Las economías más dinámicas del mundo compiten mediante el conocimiento, la investigación y el desarrollo; no mediante el reparto de dádivas.
Por ello, resulta contradictorio hablar de «Hambre Cero» mientras se disminuyen los recursos destinados a la investigación, al desarrollo científico y a la formación del talento humano, al mismo tiempo que se fortalecen políticas asistencialistas que, lejos de erradicar la pobreza, terminan perpetuando la dependencia.
Los hechos son más contundentes que cualquier discurso. La evidencia internacional confirma que los países que apostaron por el conocimiento transformaron sus economías y mejoraron la calidad de vida de sus ciudadanos. Quienes optan por el clientelismo prolongan el círculo de la pobreza y limitan las oportunidades de movilidad social.
La lucha contra el hambre no se gana con consignas. Se gana invirtiendo en educación, ciencia, tecnología e innovación. Ese ha sido el camino de las naciones que hoy exhiben los mayores niveles de desarrollo, y no existe razón para que la República Dominicana renuncie a recorrerlo.
Los hechos desmontan cualquier contubernio, local o transfronterizo.
Muros y caminos
enmudecidos
en las piernas de esta isla
afeitada en su vegetación
de cadáveres.
Y
no sé,porquè caminamos
entre luces moribundas de paz.
¡Corriendo descalzo sobre la indocumentada y amordazada agua del rio Masacre…!
Me refiero a una isla
rodeada de relámpagos
y dragones
habitada por luciérnagas
y ángeles mitad vudú
y mitad brujo/ Papà Liborio
Hace tiempo que un tirano
de República Dominicana colaba café endulzandolo con la oscurecida sangre haitiana derretida en el fango fronterizo de su piel.
Hoy
llevamos sembradas las fronteras
del ocaso en los bronquios del Masacre se Pasa a Pie…
Pero, algún día las ventanas de la isla
cerraràn, y se levantaràn a combatir
en el alba de su torturada voz,
el miedo y la manipulada historia
retorcida en su cabellera,
contada con lenguas
de fusiles y el papabocò.
Esta isla tiene dos banderas y en su
Pecho una Biblia.
Me refiero a una isla dividida por el hambre,
y la ira doctrinada en el quepis de
Rafael Leónidas
Trujillo Molina,
“Titiritero del SIN: Calieses/aparato
represivo,jardinero del crimen,
carnicero de làmparas predicadoras
de alamedas.”
Jean-Claude Duvalier
y sus garras de poder
“Los Ton Tons Macoutes”,como también el Cìclope, Joaquín Balaguer, con su sàtrapa retorica…esclavizaron las culturas del Masacre se Pasa a Pie y el Ozama fumigador de plagas en una esquina encendida en la primavera de aquel immortal 24 Abril…
Ahora, los edificios nublados de blancos
se quejan del llanto.
Hoy
los hermanos ciudadanos haitianos
dejan sus vidas en lluvias sudorosas de muerte
sembrada en lujosas torres de apartamentos,
con sus glóbulos de banderas derramadas,
besan el cielo.
Los pistoleros de la isla, con
sus frentes de murciélagos
descarnan
La Constitución Dominicana
y haitiana
Yo sé, que pronto
se apagarà el Sol
en los ojos de la isla.
Donde una frontera de
moribundo cadáveres
soportan en su piel, el enriquecimiento
ilícito de zopilotes, traficantes de isleña banderas
.
Hasta que se despojen los parpados
del vudú y el baño de liborio
Autor:
Danilo Correa.
Miembro del Colegio Dominicano
de Periodistas CDP
C3-155
Miércoles 01, Enero, 2014
Hora: 01,23 am
Registrada /Legalizada en la Oficina de ONAPI
República Dominicana
Todos los derechos reservados
18/4/2014
Danilo Cruz Pichardo
danilocruzpichardo@gmail.com
¿Qué se acabó el hambre?
Ha ocasionado revuelo en la opinión pública nacional la declaración de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el sentido de que en la República Dominicana el hambre desapareció en la población. Naturalmente, se contradice al expresar que apenas un 2.5% no ingiere los nutrientes requeridos cada día.
La contradicción es mucho mayor cuando admite que el 41.3 de los dominicanos –lo que representa 4.7 millones de habitantes-- sufre de inseguridad alimentaria.
Las estadísticas señalan que todavía el 4.4% de las viviendas dominicanas tienen pisos de tierra. Además, que el 9% de las casas tienen letrinas para que, quienes las habitan, realicen determinadas necesidades fisiológicas. Hay un dato alarmante, revelador de pobreza, consistente en que apenas el 17% de las viviendas reciben agua por tubería diariamente. Al grueso de la población no le llega el preciado líquido permanentemente, lo que obliga al uso de tinacos y otros envases para el almacenamiento.
Y debido a que el agua de la red pública no es apta para el consumo humano, el 84% de los dominicanos tiene que comprar los famosos botellones. El restante 16%, que ingiere el agua de tubería, se expone a enfermedades gastrointestinales.
Se ha pretendido, de igual manera, ofertar la idea de que la pobreza dominicana, en este 2026, bajó a un 15.4%. Posiblemente es una estadística maquillada, porque hay un retroceso en servicios de salud y energía eléctrica, los cuales son vitales para el nivel de vida de cualquier población.
La FAO debió de ser más precisa y decir con propiedad que el hambre se reduce a cero entre los funcionarios públicos dominicanos. Está el caso de José Ignacio Paliza, que exhibe un rostro rosado del bienestar y la sobrealimentación. Y ni decir de Magín Díaz.
Desde hace muchos años miembros de organismos de la ONU vienen ofreciendo declaraciones desafortunadas. Sin embargo, los que más contribuyen a desinformar a naciones enteras son miembros de las entidades que otorgan empréstitos, como los del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Eso despierta legítimas suspicacias.
Los representantes de esos organismos vienen repitiendo que República tiene una economía sana. Se supone que una economía es sana cuando tiene una balanza de pagos favorable, que su deuda externa es bien manejable respecto a su PIB, que no tiene déficit fiscal ni tiene regularmente que estar tomando empréstitos para cubrir gastos corrientes, sobre todo una hipertrofiada nómina pública, dispendio, mientras la mayoría de la población enfrenta necesidades de servicios básicos.
Parece que, a esos representantes de esos organismos internacionales, les dan un paseo por la Lincoln, la Churchill, 27 de Febrero, entre otras avenidas y sus residenciales aledaños, que son la tacita de cristal de la ciudad. Pero no los llevan a los lejanos poblados del sur y algunos lugares del este del país, donde hay carencia y miseria.
No tengo pruebas, pero hay quienes han denunciado sobornos de gobiernos corruptos de la región para que estos señores ofrezcan estadísticas favorables, como si las poblaciones comen con números. Desde hace décadas se les escucha expresar que tal o cual gobernante ha sacado a millones de seres humanos de la pobreza.
Ese fenómeno se dio, específicamente, cuando Ernesto Zedillo fue presidente en México. Sin embargo, al entregar el poder ese antiguo jefe de Estado tuvo que quedarse viviendo fuera de su país, porque hasta deudas del sector privado las transfirió al Estado mexicano.
Decir que en República Dominicana hay hambre cero, es una forma de la FAO batear de fao o de faul, que es la adaptación fonética más común y aceptada en el béisbol latino.
¿¡ Y Turismo; estará de viaje en algún cònclave internacional…? o en alguna playa de resaca electoral…?!🙀🙀🙀
@davidcollado.m @turismoRD, Politur RD mucha atención la Playa LA PLAYITA en Las Galeras está siendo ocupada por estos catamaranes conde regularmente es área de Bañistas, y le tiran los botes a los visitantes, esto es una vergüenza….👀👀
Por Dr. Wilian Hernández Bacilo.
Medico-Epidemiólogo.
Promulgada el 9 de mayo de 2001, la Ley 87-01 creó el Sistema Dominicano de Seguridad Social (SDSS) en la República Dominicana. Transformó un viejo modelo que apenas cubría al 18% de la población.
Hoy, la ley garantiza cobertura de salud y protección en riesgos laborales y pensiones a más del 98% de los ciudadanos.
La Seguridad Social en República Dominicana evolucionó a través de dos modelos: el sistema centralizado de la dictadura de Trujillo y el sistema mixto moderno de la Ley 87-01.
El primer paso significativo se dio en 1947 con la promulgación de la Ley 4146, que creó la Caja Dominicana de Seguros Sociales.
En 1948, la Ley 1896 transformó este organismo en el Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS). Este sistema de reparto estatal estaba diseñado estrictamente para cubrir a los trabajadores formales frente a enfermedades, maternidad, vejez y muerte.
Tras décadas de deterioro del IDSS y una cobertura muy limitada, en 1996 se designó una Comisión Tripartita (gobierno, empleadores y trabajadores).
La labor principal de esa comisión fue la creación de la Ley 87-01, la cual fue promulgada el 9 de mayo de 2001 y marcó un antes y un después en la nación.
El Sistema Dominicano de Seguridad Social (SDSS), modernizó el sistema bajo un modelo universal, obligatorio, solidario y plural.
Creó tres pilares fundamentales que son los siguientes
Después de más de dos décadas de promulgada esta
Ley de seguridad social podemos expresar que existe un balance agridulce, porque aseguramos que hay mayor cobertura de los servicios de salud, hay mayor acceso a la atención de trastornos y enfermedades que antes era muy difícil para un amplio sector de la población, pero al hacer un análisis profundo de esta ley, observamos que adolece de muchos entuertos que van en perjuicio de las grandes mayorías.
Esta ley se ha constituido en una fuente de enriquecimiento de los grandesempresarios que manejas las ARS, que son intermediarios entre los prestadores de servicios y los usuarios de esos servicios.
Otro gran desastre ha sido las AFP, que es un engaño para los afiliados.
Poe estas y otras importantes razones,hoy se hace necesario que los legisladores del país se decidanmodificar esta importante legislación que en su momento se consideró un excelente avance para la salud de todos los pobladores de nuestra Republica Dominicana.
Guido Gómez Mazara, reconocido abogado, escritor, profesor universitario y político dominicano.
Actualmente se desempeña como presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL), cargo que ocupa desde agosto de 2024 tras ser designado por el presidente Luis Abinader mediante el decreto 455-24.
Es un alto dirigente del gobernante Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Por: Carlos Díaz
El tablero político interno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) empieza a definir sus fuerzas con miras al relevo presidencial. En este escenario, Guido Gómez Mazara se consolida en las encuestas con una intención de voto que oscila entre el 9% y el 12%. Este porcentaje no es un hecho fortuito; representa un nicho específico de la organización que busca un gerente eficiente, capaz y con criterio de Estado. Es el mismo segmento en el que cohabita e intenta crecer David Collado. Sin embargo, tanto el proyecto de Guido como el de Collado enfrentan hoy el mismo talón de Aquiles: estructuras tímidas y una evidente ausencia de nombres de peso pesado a nivel interno.
Esta realidad contrasta drásticamente con las maquinarias de Carolina Mejía y Wellington Arnaud. Estos últimos exhiben músculos políticos imponentes, respaldados por cientos de alcaldes, regidores, diputados y senadores que garantizan control territorial y movilización masiva.
¿Cómo logra entonces Guido Gómez Mazara mantener a flote su barco y retener ese valioso 12% en medio de un mar dominado por transatlánticos? La respuesta no está en la masa, sino en la calidad estratégica de unos pocos. Tres nombres clave sostienen hoy la competitividad de este proyecto: Domingo Rojas, Darío Liriano y Maximiliano Horacio. Ellos son los verdaderos jinetes que reman contra la corriente interna.
Domingo Rojas se erige como una de las estrellas indiscutibles de este engranaje. En un ecosistema político propenso a la estridencia, Rojas aporta humildad, ecuanimidad y capacidad conciliadora. Su figura le otorga un peso social vital, sobriedad y el equilibrio que necesita un equipo que todavía busca una identidad clara. Su trayectoria impecable, lealtad y solidaridad contrastan con el comportamiento de otros miembros del proyecto que parecen no entender el libreto: el candidato es Guido, no ellos. Mientras algunos buscan eclipsar el sol y la luna con egos desmedidos, Rojas trabaja desde la estrategia fina.
En el plano operativo destaca Darío Liriano, actual asistente de Guido. Liriano ha ejecutado una profilaxis indispensable, eliminando las malas prácticas políticas que antes empañaban ese puesto. Ha construido un entorno accesible, conciliador y correcto. Además de liderar una estructura política sólida en Santo Domingo Norte, Liriano practica una solidaridad real: es de los pocos que, en el argot popular, «se baja de la mula» para apoyar económicamente a las bases que siguen fuera del poder.
El tercer pilar es Maximiliano Horacio, quien realiza un esfuerzo titánico por atraer nuevas figuras y dirigentes al proyecto. Con una visión clara del camino hacia el avance, Horacio logra articular consensos y sumar voluntades que otros, con mejores posiciones públicas, mayores presupuestos y altos rangos, simplemente no pueden conseguir. A pesar de no contar con el espacio que por mérito merece, su empuje mantiene viva la dinámica de crecimiento.
Estos tres dirigentes sostienen la nave. La cruda realidad del proyecto de Guido es que una inmensa mayoría de su entorno carece de lógica política, vive en confrontación interna con otros grupos y sufre de una miopía táctica que les impide ver más allá de la curva.
Guido Gómez Mazara tiene el potencial y las condiciones de competir al más alto nivel. No obstante, si aspira a pasar del 12% al triunfo definitivo, debe identificar con urgencia estas debilidades de su entorno. Necesita empoderar a sus verdaderos activos y construir una estructura sólida capaz de competir de tú a tú contra las poderosas maquinarias de Carolina Mejía y Wellington Arnaud. El tiempo corre, y en política, la lealtad y la estrategia de los buenos jinetes salvan barcos, pero se necesitan ejércitos para ganar la guerra.
18/07/26
Ramón Valdez Chango
Mi vida política ha sido como estar sentado sobre un barril de pólvora mientras me fumo
un cartucho de dinamita. He sido partícipe de los momentos más importantes e históricos
del PRD y, posteriormente, del PRM, siempre dando la cara y defendiendo a los nuestros,
sin importar las circunstancias.
Muchos se preguntarán por qué hablo de esta manera. La respuesta es sencilla: porque
me duele lo que veo.
Después de seis años del gobierno del presidente Luis Abinader, no entiendo cuál ha sido
realmente el papel del INDEX para tantos dirigentes del exterior. Hay compañeros que
trabajaron incansablemente por el triunfo del partido y que, seis años después, todavía no
han sido tomados en cuenta. Esa es una realidad que no puede ignorarse.
La percepción de muchos dirigentes del PRM en Nueva York es que el esfuerzo, la lealtad
y los años de sacrificio no han sido valorados como merecen. Da la impresión de que la
dirigencia del exterior ha quedado relegada, cuando precisamente fue una pieza
importante para alcanzar.
Por: Fausto Herrera Catalino
A propósito del Día Internacional de Nelson Mandela, que se conmemora cada 18 de julio.
Hay hombres que llegan al poder. Otros llegan a la historia. Nelson Mandela pertenece a esa excepcional categoría de dirigentes cuya autoridad moral terminó siendo más poderosa que el cargo que ocupó. Su vida constituye una de las lecciones más extraordinarias sobre el liderazgo ético, la reconciliación nacional y la construcción de instituciones democráticas.
La historia demuestra que los pueblos pueden producir gobernantes exitosos. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial sobresalen figuras como Lee Kuan Yew, en Singapur; Deng Xiaoping, en China; Angela Merkel, en Alemania; Óscar Arias, en Costa Rica; Michelle Bachelet, en Chile; José "Pepe" Mujica, en Uruguay; y, por supuesto, Nelson Mandela, en Sudáfrica.
Sin embargo, son muy pocos los dirigentes capaces de cambiar el destino de una nación sin sacrificar la democracia ni los principios éticos que la sustentan. Mandela representa una de las expresiones más acabadas de ese liderazgo singular.
Su grandeza no radicó únicamente en derrotar el apartheid. Su verdadera dimensión histórica consistió en comprender que una victoria política pierde legitimidad cuando se convierte en instrumento de venganza. Después de veintisiete años de prisión, pocos habrían cuestionado que respondiera con resentimiento a quienes lo encarcelaron. Sin embargo, eligió un camino radicalmente distinto: construir una nación donde antiguos enemigos pudieran convivir bajo un mismo proyecto democrático.
Mandela comprendió que la política no consiste en derrotar definitivamente al adversario, sino en evitar que la nación continúe dividida después de la victoria electoral.
En esa decisión reside la esencia del verdadero liderazgo.
A diferencia de muchos vencedores de la historia, Mandela comprendió que la paz duradera no podía edificarse sobre la humillación del adversario. Por ello impulsó la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, presidida por el arzobispo Desmond Tutu, un mecanismo que permitió reconocer los crímenes del apartheid, escuchar a las víctimas y favorecer una justicia restaurativa que evitó convertir la transición democrática en un ciclo interminable de represalias. Aquella experiencia demostró que la reconciliación no significa olvidar el pasado, sino impedir que este secuestre el futuro.
A lo largo del siglo XX surgieron dirigentes que transformaron la historia mediante distintos métodos, pero unidos por una misma convicción: el poder solo adquiere legitimidad cuando sirve a una causa superior.
Mahatma Gandhi convirtió la resistencia pacífica en un instrumento político capaz de conquistar, sin armas, la independencia de la India frente al Imperio británico, uno de los más poderosos de la historia, alcanzada el 15 de agosto de 1947. Enseñó que la autoridad moral puede imponerse sobre la fuerza militar y que la dignidad de un pueblo no depende de la violencia, sino de la firmeza de sus principios.
Martin Luther King Jr. trasladó esa filosofía al movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos. Su lucha nunca pretendió sustituir una discriminación por otra, sino construir una sociedad donde la igualdad dejara de ser una aspiración moral para convertirse en una realidad jurídica y política.
Mandela aprendió de ambos, pero fue aún más lejos. Tuvo la responsabilidad de gobernar una nación profundamente fracturada y logró impedir que la transición democrática desembocara en una guerra racial. Comprendió que el liderazgo no consiste en administrar el resentimiento colectivo, sino en sembrar esperanza, construir confianza y fortalecer las instituciones.
América Latina necesita recuperar esa concepción del liderazgo.
La crisis democrática contemporánea no proviene únicamente del deterioro económico. Proviene también del agotamiento del liderazgo. Cada vez hay más outsiders capaces de ganar elecciones y menos capaces de construir legitimidad.
Durante décadas, la región ha oscilado entre diversas formas de caudillismo. Unos prometieron la redención mediante revoluciones permanentes; otros ofrecieron la salvación absoluta del mercado. En demasiadas ocasiones, ambos caminos condujeron al mismo destino: debilitamiento institucional, concentración del poder, polarización política, corrupción generalizada y creciente desconfianza ciudadana.
Más preocupante que la desigualdad económica es la erosión de la confianza pública. Cuando los ciudadanos dejan de creer en los partidos, en los parlamentos, en la justicia o, incluso, en los procesos electorales, la democracia comienza a perder su principal fuente de legitimidad. Ningún sistema político puede sostenerse indefinidamente cuando desaparece la credibilidad de quienes lo dirigen.
En ese contexto, el pensamiento de José Francisco Peña Gómez adquiere una renovada vigencia. Peña Gómez concebía la democracia no únicamente como un mecanismo electoral, sino como un instrumento permanente de inclusión social. En esa visión coincidía con Mandela: ambos entendían que la legitimidad democrática se fortalece cuando incorpora a quienes históricamente habían sido excluidos del poder.
Su consigna, "Primero la gente", sintetizaba una concepción profundamente humanista de la política: el poder existe para servir a la ciudadanía, no para servirse de ella.
Aunque ambos actuaron en realidades muy distintas, compartieron principios fundamentales: la defensa de la democracia, la inclusión social, el respeto por la dignidad humana y la convicción de que las instituciones deben prevalecer sobre los intereses personales, familiares o de grupo.
La República Dominicana enfrenta desafíos que no podrán resolverse únicamente mediante el crecimiento económico o la competencia electoral. Cinco nudos la frenan en su tránsito de una democracia electoral a una democracia de calidad institucional: la corrupción y la impunidad; la debilidad de los partidos políticos; la lentitud de la justicia; la desigualdad social y el clientelismo; y la desinformación en las redes sociales. Todos ellos exigen dirigentes capaces de construir consensos nacionales y no simples victorias partidarias.
Sin embargo, la política contemporánea parece avanzar en dirección contraria. El debate público suele reducirse a la confrontación permanente, la propaganda y la descalificación del adversario. Las redes sociales han multiplicado la velocidad del conflicto, pero no necesariamente la calidad del liderazgo. Nunca fue tan fácil comunicar tanto y escuchar tan poco.
La doctrina política de Mandela ofrece una respuesta a esa crisis.
Nunca confundió popularidad con autoridad, ni autoridad con autoritarismo. Sabía que un verdadero estadista escucha antes de decidir, negocia sin renunciar a sus principios y entiende que el adversario político no es un enemigo de la nación.
Otra de sus mayores enseñanzas fue su relación con el poder. Pudo perpetuarse en la presidencia aprovechando su inmenso prestigio nacional e internacional. No lo hizo. Gobernó un solo mandato y fortaleció las instituciones democráticas, dejando una lección que conserva plena vigencia: ningún hombre, por extraordinario que sea, debe situarse por encima de la República.
Ese comportamiento contrasta con una práctica demasiado frecuente en numerosos países, donde algunos dirigentes terminan creyéndose indispensables y convierten los partidos en extensiones de su propia voluntad. La historia demuestra que, cuando las instituciones dependen de una sola figura, la democracia comienza a deteriorarse.
Mandela comprendió también que un auténtico líder no fabrica seguidores dependientes, sino ciudadanos libres y nuevos dirigentes. La fortaleza de una organización política no se mide por la obediencia de sus militantes, sino por su capacidad para renovar liderazgos sin renunciar a sus principios.
Hoy, cuando numerosas democracias atraviesan una profunda crisis de representación, el legado de Mandela adquiere una dimensión universal. Su ejemplo recuerda que gobernar no consiste en administrar emociones pasajeras, sino en construir confianza; que el liderazgo no es un ejercicio de imposición, sino de persuasión; y que el poder solo encuentra su verdadera justificación cuando amplía la libertad, fortalece las instituciones y mejora la vida de las personas.
Las democracias latinoamericanas no necesitan nuevos caudillos providenciales. Necesitan dirigentes con la visión ética de Gandhi, la autoridad moral de Martin Luther King Jr., el compromiso democrático de José Francisco Peña Gómez y la extraordinaria capacidad de reconciliación que convirtió a Nelson Mandela en uno de los más grandes estadistas de la historia contemporánea.
Mandela nos recordó que ningún gobernante engrandece a una nación por permanecer más tiempo en el poder, sino por dejar instituciones más fuertes que su propia figura. Ese continúa siendo el gran desafío de nuestras democracias y la lección que la política latinoamericana aún está llamada a aprender.
Esa sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes de América Latina y, particularmente, de la República Dominicana. Las democracias no fracasan porque carezcan de constituciones, leyes o elecciones; fracasan cuando escasean dirigentes con la integridad suficiente para someterse a ellas antes que manipularlas en beneficio propio. Mandela comprendió que la verdadera grandeza del poder no reside en conservarlo, sino en ejercerlo con límites; no en acumular autoridad, sino en fortalecer las instituciones que sobrevivirán al gobernante.
Por eso, el mayor homenaje que América Latina puede rendirle no consiste en recordar su nombre cada 18 de julio, sino en asumir su ejemplo como una ética permanente de gobierno. Mientras sigamos confundiendo liderazgo con caudillismo, autoridad con autoritarismo y victoria electoral con derecho absoluto a gobernar sin contrapesos, nuestras democracias continuarán siendo vulnerables.
Mandela demostró que los grandes estadistas no son aquellos que dejan pueblos divididos y partidos sometidos a su voluntad, sino aquellos que entregan sociedades más reconciliadas, instituciones más sólidas y ciudadanos más libres que los que encontraron al llegar al poder. Esa es la diferencia entre quien simplemente gobierna una época y quien transforma para siempre la historia.
Ese es el liderazgo que reclama nuestro tiempo. Y esa es, quizás, la más grande lección que Nelson Mandela legó a la democracia y que América Latina todavía tiene pendiente aprender.
Danilo Cruz Pichardo
Para el autor de este artículo el mejor gobierno que hemos tenido los dominicanos corresponde al de don Antonio Guzmán, por las transformaciones políticas que se registraron, al derogar las leyes que prohibían el comunismo, conceder libertad de expresión e información para todos, despolitización de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional y una auténtica división de los poderes públicos: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, tal y como lo concibió Montesquieu, filósofo, jurista y escritor francés, en su obra “El Espíritu de las Leyes”.
Esos cambios políticos son suficientes para que el antiguo presidente, período 1978-1982, se lleve el reconocimiento de mejor jefe de Estado de los últimos 48 años. Sin embargo, en lo económico también obtuvo notas sobresalientes, al duplicar el salario mínimo, incremento de la producción agropecuaria y la concesión de créditos a los hombres que trabajan la tierra, protegió y fomentó la pequeña y mediana industria y se preocupó por el control de los precios, sobre todo de los artículos de la canasta familiar.
Lo mejor que se puede mencionar del gobierno de Salvador Jorge Blanco es la estabilidad en el servicio eléctrico, pero faltó creatividad para dinamizar la economía y la toma de medidas populares. Ente la creación del ITBIS, el plan de austeridad, reducción general de sueldos, la devaluación del peso y la firma con Fondo Monetario Nacional crearon una imagen negativa a esa administración.
Entrar en la evaluación de cada una de las gestiones administrativas que se inscriben en ese espacio de tiempo conllevaría un trabajo muy extenso, pero hay que reconocer que todas tienen defectos y virtudes, incluyendo los diez últimos años de Joaquín Balaguer, donde hubo escasez y desabastecimiento, pero también austeridad en el uso de los recursos públicos, estricta cautela para la toma de empréstitos internacionales y honradez de parte del jefe de Estado.
Posiblemente la mejor medida que ha tomado el presidente Abinader, en 6 años, consiste en hacer que los recursos que generan los consulados de los países del mundo vayan, desde el 6 de abril pasado, directamente al Estado a través de la Cuenta Única del Tesoro, lo que ha provocado falta de motivación en funcionarios del servicio exterior. Y en cuestión de semanas Alfonso Rodríguez pidió su cancelación del Consulado de Los Ángeles y Carlos Gabriel García declinó un decreto en el que se le designaba en ese cargo.
Solo falta establecer en qué se destina ese dinero.
Sin embargo, Luis Abinader es el presidente que más empréstitos internacionales ha tomado y al mismo tiempo se lleva el récord en ser el que menos inversiones ha hecho en obras que contribuyan al desarrollo del país. Desde el Gobierno se alega que el grueso de ese dinero ha sido para saldar deudas viejas, dato que rechaza la oposición. El hecho es que en el presente año se destina el 26% de la recaudación para el pago de la deuda externa y solo en intereses hay que buscar unos 322 mil millones de pesos en este 2026.
El presidente de la República no cede un paso con los excesivos gastos corrientes, incluyendo una hipertrofiada nómina pública, incremento de planes de asistencias, publicidad gubernamental e imprudentes pensiones de lujo a personas que nunca han dado un golpe en la administración pública.
Para responder a ese incontrolable y creciente gasto se optó por una reforma fiscal, aprovechándose de una mayoría mecánica en las cámaras legislativas, donde en apariencia se gravan operaciones de los más poderosos, pero tanto el aumento del ISR como de la emisión de cheques y transferencias bancarias terminan siendo traspasadas al consumidor. El empresariado nunca absorbe alzas.
De forma adicional, el Instituto de Energía de la UASD demostró que el gobierno no subsidia los combustibles. Los carburantes, contrariamente, tienen impuestos y al mismo tiempo sobreprecio, empezando por la gasolina Premium, que tiene 46 pesos por encima del precio en que debía ofertarse al consumidor.
Tanto la reforma fiscal como el incremento en el costo de los derivados del petróleo han disparado los precios en bienes y servicios, sobre todo de los productos de la canasta familiar. Es abusivo.
Pero ¿qué se puede esperar de un presidente que desde el período de transición del 2020 empezó a designar una mayoría de funcionarios que son empresarios y se desenvuelven, en el sector privado, en áreas afines en las que fueron nombrados?
Ejemplo: el antiguo ministro de Agricultura es uno de los principales arroceros del país. Al destituirlo se designa a otro arrocero mayor. En el sector eléctrico, en todo, está un empresario generador de energía. Eso provoca conflictos de intereses. Y el Art. 135 de la Constitución lo prohíbe y también la Ley 340-06, sobre Compras y Contrataciones.
Como esos casos se pueden citar muchos más.
Se puede decir que Luis Abinader es el presidente ideólogo de los fideicomisos. Al escribir este trabajo conté 17 y hábilmente hizo que sus legisladores le aprueben la Ley 28-23, para contar con un marco legal, aunque de por sí ya disponía de la Ley 47-20, sobre Alianzas Público Privadas. ¿Qué ventajas ofrecen los fideicomisos y quién se los pidió al presidente Abinader?
Ahí está el caso del fideicomiso de la Policía Nacional que viene haciendo una reforma que se ha chupado 11 mil millones de pesos, aunque desde el Gobierno se dice que son 8 mil. Sea una cifra u otra se trata de un gasto excesivo. Se habla de asesores internacionales que ganan hasta 20 millones mensuales y lo único visible en la Policía Nacional es el cambio de uniforme.
Abinader había prometido en la campaña de 2020 que acabaría con la inseguridad ciudadana. Y a 6 años de gestión se aplican los mismos métodos de las ejecuciones extrajudiciales contra jóvenes socialmente excluidos, porque no disponen de educación ni empleo. La mejor forma de combatir la violencia es con prevención y el Estado dispone de los organismos de seguridad para identificar a todos los muchachos envueltos en el crimen organizado.
Esos jóvenes se exhiben y se comunican por redes sociales y pueden ser apresados y enviados a cárceles que los rehabiliten, que ni siquiera las hay en el país, lo que reduce la forma de justificar el superabundante gasto en la famosa reforma.
Este es un gobierno tan malo –el más malo de los últimos 48 años-- que desde el Congreso Nacional, controlado por Luis Abinader, no se ha aprobado el Código Laboral a la espera de un descuido de la población para reducir o excluir viejas reivindicaciones, como el pago de las prestaciones o cesantía. Se quiere aprovechar el mismo descuido que hubo con el Código Penal, que en el Párrafo II del Art. 209 se penaliza la difamación e injuria hasta con diez años de prisión.
OTTO MORALES EFRES, recordándolo el día de su asesinato.
Desde la adolescencia, Otto Morales Efres se convirtió en un gran movilizador de masas en San Antón, Villa Francisca, San Miguel, San Lázaro y Ciudad Nueva, pero fue en San Antón donde transcurrió su juventud pues allí levantaba pesas, jugaba baloncesto y béisbol y al terminar los deportes se dirigía a escuchar los discursos que pronunciaban dirigentes del Movimiento Popular Dominicano en su local de la avenida Duarte.
Junto a Rafael Bueno, Luis Gaspar (La Vela), “Barahona” o “Lilito” y otros compañeros se relacionó con militantes del 14 de Junio aunque no se organizó en ese partido, y se dedicó a cazar calieses cuando se produjo la destrujillización.
A partir de entonces su vida fue de lucha revolucionaria y de formación ideológica y militar por el logro de una sociedad equitativa, justa, humana. Sufrió deportaciones siendo prácticamente un niño.
Sin embargo, la ausencia de la Patria no representó una derrota ni desalentó sus sentimientos patrióticos. Al contrario, le animó a profundizar en su educación política y continuar la escolaridad.
El arrojo y la determinación de Otto Morales se pusieron de manifiesto durante la Revolución de Abril cuando ya se había convertido en uno de los líderes más jóvenes, carismáticos y de mayor audacia en la formación de comandos, búsqueda y entrega de armas a la población, asalto a cuarteles, toma de fortalezas, orientación a campesinos para futuras guerrillas, participación en combates y misiones.
Estuvo entre los organizadores del secuestro que selló su asesinato violento, despiadado, el 16 de julio de 1970.
Del representativo dirigente que dedicó los últimos cuatro años de su existencia a enfrentar al régimen balaguerista hablan su cuñado Ramón Pinedo (Monchín), también compañero de deportes, política y guerra; Breno Brenes, su instructor militar; Zunilda Muñoz de Sánchez, en cuya presencia ametrallaron a Otto después de haberle servido de escudo protector en la entrega pacífica que violentaron sus verdugos, un contingente policial inconcebible para eliminar a un revolucionario esposado.

También conversa sobre él René Sánchez Córdova, esposo de Zunilda, entonces decano de la facultad de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, con quien almorzó Otto y al que visitó en sus oficinas durante la mañana de la trágica fecha.
Otto Morales ha merecido el reconocimiento del pueblo, que espontáneamente designó con su nombre una calle del sector Los Frailes.
Por haber sido tan atroz, es la muerte del combatiente lo que más se ha destacado. Sus facetas humanas son poco conocidas. Estos familiares y camaradas relatan esos aspectos y revelan detalles nunca antes publicados del salvaje exterminio que truncó su existencia a los 25 años.
“La etapa post Guerra de Abril fue muy violenta para Otto y nuestra familia. Después murió papá, asesinaron a mi hermana Miriam, esposa de Otto, nos mataron a Ramón Emilio Mejía del Castillo (Comandante Pichirilo) y al amigo entrañable de Otto, Maximiliano Gómez (El Moreno)… Era la lucha contra el Gobierno de Balaguer apoyado por el imperialismo”, expresa Monchín.
Perfil de Otto.
Otto Morales Efres nació en Santiago de los Caballeros el 23 de mayo de 1945, hijo de Aquiles Morales y Noris Livia Efres, maestra.
La familia se trasladó a Santo Domingo y Aquiles trabajó como dependiente de la desaparecida Puerta del Sol que estaba en El Conde.
A Otto lo inscribieron en la escuela Argentina, donde inició estudios secundarios que no concluyó porque el Consejo de Estado lo deportó en 1962. “Entendía que había que salir de esos estudiantes que se habían constituido en un problema incendiando la ciudad todos los días”.
Fue desterrado hacia México mientras los dirigentes del MPD eran encarcelados y otros enviados a París.
Allí concluyó su bachillerato y tomó cursos técnicos. Al mismo tiempo recibió formación política de un dirigente comunista mexicano y del dominicano Pericles Franco Ornes, quien luego se fue a Cuba, donde ya estaba Otto.
A esa antilla se habían trasladado desde Francia Máximo López Molina, Ilander Selig, Gustavo Ricart, Parmenio Erickson, Arsenio Ortiz y Monchín. El reencuentro con los izquierdistas motivó a Morales a ingresar al MPD en Cuba, lo que califican como un gran salto en su preparación política, militar, doctrinaria. Además trabajó como voluntario picador de caña y recogedor de café.
Regresó a finales del Gobierno de Juan Bosch, en 1963, y fue recibido por el artista de la plástica José Ramírez Conde (Condesito), el dirigente más importante que tenía el MPD en ese momento.
“Otto fue estructurando una maquinaria militar, a partir de 1964, con los amigos que había dejado cuando lo deportaron y asistió a Ramírez Conde en todo el engranaje de inteligencia, contrainteligencia, estruendo”, significan.
Ayudó al sector femenino de la agrupación en la defensa de los presos políticos, hizo contacto con los sindicatos y organizó sucesivas huelgas como forma de presión “alegrándose cuando el grupo de los no deportados salió de nuevo al ruedo político. Ahí comienza la historia conjunta de Otto y los que salimos sueltos: Maximiliano Gómez, Jorge Puello Soriano (El Men) y yo”, narra Pinedo.
Otto también pasaba tiempo en la casa de Monchín, porque se había enamorado de su hermana Miriam, a quien conquistó pese al desacuerdo de su padre. Se casaron en plena guerra, en agosto de 1965. Procrearon dos hijos: Yuri Van Troi y Otto Stalin.
Pese al llanto incontenido de René y Zunilda al narrar el siniestro final del revolucionario, hay lugar para recordarlo jovial, solidario, sociable, apuesto, de ojos marrones claros, atlético, vigoroso, bien parecido, amante de los niños, juguetón.
El hogar de los Sánchez tanto en la Juan Isidro Pérez como en la José Contreras era frecuentado por Otto, Amín Abel Hasbún, Moisés Blanco Genao, Henry Segarra y otros.
René recuerda que en 1970, a raíz del secuestro del agregado militar de la embajada de Estados Unidos en el país, coronel Donald J. Crowley, se reunieron en su casa a pasar balance sobre el hecho “todos los que participaron en la planificación” y cita a Rafael (Fafa) Taveras, Amín Abel, Héctor Ortiz y Otto. Él no estuvo presente.
Zunilda cuenta que el día de la muerte de Otto llegó de su trabajo cerca de las 2:00 de la tarde y lo encontró jugando con sus hijos Luis René y Ernesto.
Pero a los pocos minutos “sentí muchas voces, carros, y por la ventana de mi cuarto vi un camión de Operaciones Especiales con un sinnúmero de militares con armas largas”. René lo dejó en la vivienda después de almorzar y apenas empezó su cátedra le interrumpió Radhamés Abreu, dirigente de la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED) para decirle: “¡Profesor, pasó algo malo en su casa!”. Era el el 16 de julio del 1970 , el día que mataron a OTTO.
La calle
La calle “Otto Morales” está ubicada en el sector “Los Frailes”. Aunque el rótulo dice “A.D.N”, se informó que no fue iniciativa del Ayuntamiento del Distrito Nacional sino de moradores del sector.
Fuente:” Historia Dominicana en Gráficas “Texto: Angela Peña para el periódico HOY