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jueves, 26 de febrero de 2026

La soledad: una epidemia silenciosa del siglo XXI

 




Por Ángel Ruiz Bazán

En medio de ciudades llenas, redes sociales activas y agendas saturadas, la soledad se ha convertido en uno de los problemas más invisibles y, al mismo tiempo, más extendidos de la sociedad contemporánea. No es un fenómeno exclusivo de adultos mayores ni de personas aisladas físicamente. Hoy, jóvenes, profesionales y ciudadanos aparentemente integrados también experimentan una profunda sensación de desconexión emocional.

Diversos organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud, han advertido que la soledad crónica puede afectar la salud de manera comparable a factores como el tabaquismo o el sedentarismo. El problema, sin embargo, no suele ser visible, lo que dificulta su abordaje desde políticas públicas y estrategias comunitarias.

Un problema más allá de estar solo

Especialistas coinciden en que la soledad no depende del número de personas que rodean a un individuo, sino de la calidad de sus relaciones. “Una persona puede convivir con su familia, trabajar en equipo y tener miles de seguidores en redes sociales, pero sentirse profundamente sola”, explica la psicóloga clínica dominicana María Fernández.

La falta de vínculos auténticos genera un vacío emocional que, con el tiempo, puede traducirse en ansiedad, depresión y una baja autoestima persistente. Este fenómeno se agrava en sociedades donde predomina la competitividad, la movilidad laboral y la comunicación digital superficial.

Consecuencias para la salud

La evidencia científica ha demostrado que la soledad prolongada no solo afecta la salud mental. También se asocia con problemas cardiovasculares, alteraciones del sueño, debilitamiento del sistema inmunológico y mayor percepción del dolor físico.

Además, se produce un efecto en cadena: las personas que se sienten solas tienden a aislarse aún más, lo que refuerza el ciclo de desconexión. El miedo al rechazo, la desconfianza o la inseguridad dificultan la creación de nuevos vínculos.

Causas de una sociedad desconectada

Entre los factores que han impulsado esta realidad destacan los cambios en los estilos de vida, la migración, las rupturas familiares, la jubilación, el duelo y el uso excesivo de la tecnología como sustituto de la interacción cara a cara.

En países del Caribe, como la República Dominicana, la migración interna y externa ha generado comunidades fragmentadas, donde muchas personas viven lejos de sus redes de apoyo tradicionales.

Estrategias para combatir la soledad

Expertos en salud mental proponen diversas acciones individuales y colectivas para enfrentar esta situación. La primera es reconocer que la soledad no es una debilidad, sino una experiencia humana común.

Buscar relaciones de calidad, participar en actividades comunitarias, integrarse a espacios culturales o de voluntariado y fomentar la comunicación emocional son pasos clave. También se destaca la importancia de fortalecer la relación con uno mismo mediante la lectura, la escritura, la espiritualidad o la reflexión personal.

Un reto social

El combate contra la soledad no depende únicamente del individuo. Requiere comunidades más empáticas, políticas públicas orientadas al bienestar emocional y entornos laborales y educativos que promuevan la conexión humana.

En una época marcada por la velocidad y la productividad, recuperar el valor del encuentro, la escucha y la cercanía podría ser la clave para enfrentar esta epidemia silenciosa.

Porque, al final, la verdadera conexión no se mide en cantidad de contactos, sino en la profundidad de los vínculos.

 

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