El gobierno dominicano transita de extremo a extremo, sin coherencia, sin rumbo claro, peor aún, sin una narrativa que resista el más mínimo análisis.
Por Tony Salomón
El pasado 7 de marzo de 2026, en la llamada "Cumbre Escudo de Las Américas," se reunieron 12 supuestos líderes latinoamericanos, entre ellos, el presidente Luis Abinader. Un encuentro que pretendía proyectar alineamiento geopolítico en un momento donde el mundo se reconfigura a pasos acelerados.
Pero a penas despues, el 18 de abril, el mismo Estado Dominicano envía su ministro de justicia a una cumbre en España, vinculada a sectores ideológicos que chocan frontalmente con la línea de aquella reunión.
No se puede jugar a dos bandos en un escenario global donde las potencias ya están definiendo zonas de influencia. Hoy más que nunca, el tablero geopolítico exige claridad: te alineas...o te alinean.
Mientras tanto, en lo interno, el país sigue atrapado en una contradiccion aún más peligrosa. Se habla de instucionalidad, pero se tolera que sectores capturen la política para encubrir intereses ilícitos y convertir el Estado en patrimonio personal.
Ahí está el verdadero problema.
El sistema de partidos no se fortalece con discursos, sino con depuración, con límites claros, con una barrera firme contra quienes ven la política como refugio y negocio.
La llamada "marcha verde" logro un objetivo, sí, pero su esencia se diluyó cuando algunos intentaron convertirla en plataforma de beneficios particulares. Y hay que decirlo sin miedo: no fueron todos, pero fueron suficientes para contaminar una causa legítima.
El país no necesita más improvisación ni doble discurso. Necesita una sociedad civil articulada, dirigida por gente honesta, no por oportunistas disfrazados de defensores.
Hoy sigue siendo un buen día para empezar de nuevo. Pero empezar de verdad. Sin mascaras. Sin cálculos. Sin mentiras.
