Himno a la Patria

lunes, 27 de julio de 2026

La economía del conocimiento: el único camino sostenible para erradicar la pobreza.


 Por Tony Salomón

La historia económica demuestra una realidad difícil de refutar: solo aquellos países que han invertido de manera sostenida en la economía del conocimiento han logrado reducir la pobreza a su mínima expresión. No existe un ejemplo exitoso de una nación que haya vencido el hambre y la exclusión social mediante el asistencialismo permanente o el clientelismo político.

La pregunta obligada es: ¿qué ha hecho el Estado dominicano en los últimos seis años para fortalecer la economía del conocimiento? La respuesta es preocupante. En lugar de consolidar las políticas públicas dirigidas a la investigación, la innovación, la ciencia y la educación, esta gestión ha reducido los presupuestos de instituciones llamadas a generar conocimiento y desarrollo.

La falta de continuidad de las políticas de Estado constituye uno de los principales obstáculos para combatir la pobreza de manera sostenible. No es posible hablar del objetivo de «Hambre Cero» mientras aumentan las condiciones que reproducen la pobreza y se debilitan los instrumentos que permiten superarla.

La experiencia dominicana demuestra que sí es posible avanzar cuando existe una visión de largo plazo. Durante el período 1996-2000 se asumió con responsabilidad el relevo gubernamental, dando continuidad a importantes obras de infraestructura e impulsando iniciativas innovadoras que colocaron al país a la vanguardia regional. La educación, desde el nivel básico hasta el universitario, ocupó un lugar estratégico dentro de esa visión de desarrollo.

El Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA) representa uno de los mejores ejemplos de cómo la inversión en capital humano, tecnología e innovación puede convertirse en una herramienta efectiva para generar oportunidades, elevar la productividad y reducir la pobreza. Es la demostración de que cuando un Estado apuesta por el conocimiento, está sembrando las bases del desarrollo sostenible.

Hoy resulta incuestionable que la innovación tecnológica es un factor esencial para el crecimiento económico. Las economías más dinámicas del mundo compiten mediante el conocimiento, la investigación y el desarrollo; no mediante el reparto de dádivas.

Por ello, resulta contradictorio hablar de «Hambre Cero» mientras se disminuyen los recursos destinados a la investigación, al desarrollo científico y a la formación del talento humano, al mismo tiempo que se fortalecen políticas asistencialistas que, lejos de erradicar la pobreza, terminan perpetuando la dependencia.

Los hechos son más contundentes que cualquier discurso. La evidencia internacional confirma que los países que apostaron por el conocimiento transformaron sus economías y mejoraron la calidad de vida de sus ciudadanos. Quienes optan por el clientelismo prolongan el círculo de la pobreza y limitan las oportunidades de movilidad social.

La lucha contra el hambre no se gana con consignas. Se gana invirtiendo en educación, ciencia, tecnología e innovación. Ese ha sido el camino de las naciones que hoy exhiben los mayores niveles de desarrollo, y no existe razón para que la República Dominicana renuncie a recorrerlo.

Los hechos desmontan cualquier contubernio, local o transfronterizo.

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