Himno a la Patria

jueves, 5 de marzo de 2026

Fue A Educar Y Encontró La Muerte Al Regresar De La Escuela

 


Por Manuel Antonio Vega.

El trayecto entre Hato Mayor y Pedro Sánchez no es solo una distancia de kilómetros; para cientos de docentes, es una ruleta rusa diaria.
El 5 de marzo de 2026, la educación dominicana perdió una batalla que no se libró en las aulas, sino en la unidad de cuidados intensivos de un centro hospitalario.
Dolores Betancourt, una maestra de primaria con apenas 30 años y un futuro por delante, se convirtió en el rostro más doloroso de la precariedad logística del magisterio dominicano.
Todo comenzó la tarde del 26 de febrero, cuando Dolores regresaba a casa, como cada día, tras cumplir con su labor.
Resulta que su transporte era una motocicleta, el vehículo de la necesidad para el docente que no alcanza el presupuesto para más, pero que tiene el compromiso de llegar a tiempo.
En el kilómetro 7 de la carretera El Seibo-Hato Mayor, el destino mostró su cara más cruel: un vehículo desconocido la embistió y, en un acto de cobardía absoluta, el conductor se dio a la fuga.
El pavimento, testigo mudo del impacto, vio cómo los sueños de una joven maestra se quebraban junto a su cuerpo.
Traumas severos en cabeza, tórax y extremidades la mantuvieron en una agonía de siete días.
"Se luchó, se oró y se esperó un milagro que no llegó. El vacío que deja no es solo en la escuela, sino en el hogar de tres niñas que hoy quedan huérfanas de madre y de protección."
Un magisterio bajo asedio: El estrés y el peligro
La muerte de Dolores no es un hecho aislado, pues el mismo día de su partida, el magisterio sepultaba a Bélgica Santana González, víctima de un infarto fulminante durante una actividad escolar en Hato Mayor.
Parece haber un patrón alarmante, dónde la
vulnerabilidad vial presenta a docentes recorriendo carreteras peligrosas en vehículos desprotegidos.
Hay que evitar que maestros asignados a zonas lejanas que los obligan a traslados extenuantes.
El llamado al Minerd: Menos luto, más gestión
La comunidad educativa es clara. No basta con notas de condolencia; se requieren cambios estructurales.
Hay que trabajar en regularización del transporte: Crear rutas seguras o incentivos para vehículos protegidos.
Reubicación por cercanía: Priorizar que el docente imparta clases en su pueblo natal para eliminar la exposición innecesaria al peligro de las carreteras.
El Ministerio de Educación tiene sobre su escritorio una deuda de sangre.
La tiza de Dolores Betancourt se rompió en el asfalto, pero su historia debe servir para que ningún otro maestro tenga que arriesgar la vida para llegar a la pizarra.
Siento mucho esta pérdida. Es un relato desgarrador que pone en evidencia la necesidad de mejores políticas de bienestar docente.
 
 
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