Carta de Edmundo Martínez :
Para nosotros tus familiares; la efigie del tiempo demacrado/ maquillado de dolor y gloria, es capaz de amortiguar el aguijón del martirio y la desesperación que nos produce su materialización.
Uno de estos, es el cruel asesinato de mi hermano más pequeño, mi Orlandito, como dice nuestra madre en su lamento recordándolo cada día, y anhelando despertar del sueño tan terrible en que cree encontrarse recluida en su habitación de donde dice no podrá salir nunca más desde el día en que fue inhumado nuestro hermano Orlando.
Era el más pequeño, el más tímido, el más humilde, el que con una sonrisa, sin palabrasl quería expresar con su mirada, la inmensa bondad que albergaba su puro corazón, para luchar por el bienestar y la felicidad, hasta donde tuere posible, de los humildes y necesitados.
Y el día de la muerte de Orlando... la tierra tembló, porque Dios manifiesta su ira y su omnipotencia por medio de la naturaleza... y el día de la última misa en sufragio del alma de Orlando... el cielo lucía transparente y radiante, pero, terminada la última oración del
“Idos en paz”... el cielo se rasgó y la lluvia tan escasa en esos días, vertió el hermoso líquido sobre la tierra hasta dejarla empapada y saturada... y el día que se dispuso volver a extraerlo del seno de la tierra para realizar en él una especie de autopsia, el cielo se rasgó de nuevo, y nuestro Orlando hizo sentir su presencia enviando el Señor de nuevo la lluvia tan esperada... y ahora qué otra conciencia vendrá con su muerte oh, querido Orlando?... porque para nosotros tus familiares, ya la vida ha perdido su color…
EDMUNDO MARTINEZ
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